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sábado, 6 de octubre de 2012

Pyhä, por encima del Círculo Polar Ártico

Aquí, en Finlandia, las excursiones se consideran parte de la educación incluso en la etapa universitaria; así que, gracias a ello, viajamos hasta Pyhätunturi, una zona al noreste de Rovaniemi, como una ración más dentro de la asignatura “Introduction to the Arctic” (Introducción al Ártico).

Las advertencias nos indicaban que fuéramos preparadas para el frío, con ropa térmica y resistente al agua. Las previsiones eran de 5ºC de máxima, pero al menos la lluvia no estaría presente. Éstas y unas indicaciones más acerca de un trabajo de campo que teníamos que hacer eran toda la información con la que contábamos. Teníamos un escueto programa sobre la excursión, pero se olvidaba de detallar aspectos como el menú o cómo sería el sitio donde nos íbamos a alojar. Varias inquietudes que también guardamos en la maleta.

El lunes 24 de septiembre, sobre las 9 de la mañana, marchábamos en autobús toda la clase, junto con las dos profesoras que nos habían estado enseñando diferentes aspectos sobre el Ártico, la coordinadora del programa y el coordinador de estudios internacionales. A pesar de que muchos compañeros aprovecharan el trayecto para “descansar la vista” o “reflexionar con los ojos cerrados”, fue una oportunidad única de poder disfrutar del paisaje que ofrece este rincón de Europa de una forma diferente a cuando vas en bici.  Toda la taiga o, sencillamente, el bosque (forest) como ellos lo llaman, se presentaba ante nosotras de una manera espectacular. Además del precioso paisaje, algunas profesoras también se sirvieron del tiempo dentro del autobús para dar explicaciones sobre lo que estábamos viendo, sobre el clima y cómo la población hacía uso de tanta naturaleza.

La primera parada fue “Kopara Reindeer Farm”, una granja de renos. Nada más bajar del autobús pudimos percibir esa advertencia sobre la necesidad de llevar ropa térmica. ¡¡Menudo frío!! Pero las ganas de ver y fotografiar renos podían con todo. A pesar de que una de nuestras profesoras intentara captar nuestra atención por todos los medios para darnos algunas explicaciones sobre cómo son los renos, cómo viven y como sirven para fomentar la economía del país, los renos que paseaban a sólo centímetros de nosotros nos intrigaban mucho más. Además, cada uno de nosotros llevábamos un cubo con pienso para poder alimentarles. Sí, sí, lo habéis leído bien. Yo llevaba un cubo de pienso en la mano para alimentar a renos. Es que ni yo misma me lo creo todavía. Me costó atreverme, si os soy sincera, pero tras la insistencia de una de las profesoras, decidí lanzarme. Al fin y al cabo, pocas oportunidades más voy a tener en mi vida para poder dar de comer a un reno. Y no acaba aquí. ¿Sabéis cómo les di de comer? ¡¡Con mi propia mano!! ¡Sin guante ni nada, con la carne tocando sus babas! Muy fuerte.

Lo gracioso de todo esto es que, justo después de alimentar a los renos, nos alimentaron ellos a nosotros. Lunch time (hora de comer) a las 11.30 de la mañana. Menú: sopa de reno. Alucinante. Aunque he de decir, que aquí a cualquier cosa con caldo le llaman sopa. Este plato, en España, se habría llamado carne guisada. Teniendo en cuenta que no me gusta la sopa y que no soy muy amiga de la carne, puedo afirmar que la combinación no estaba del todo mal.

Después de la comida, nos encontrábamos de nuevo en el autobús rumbo a Pyhä-Luosto National Park, un parque natural. Esta estación comenzaba con una visita al museo y una presentación del parque. Y a continuación, una marcha por una de sus rutas para disfrutar de lo que la naturaleza ofrece en este clima y de lo diferente que es a todos los entornos naturales por los que me le rodeado a lo largo de mi vida. Mentiría si dijera que no fue cansada y algo dura, pero aún así, mereció la pena. Disfruté mucho de cada rincón. Además, teníamos que hacer un trabajo de campo que consistía en tomar fotografías de cosas que representaran al Ártico y cosas, que por el contrario, no lo hicieran. Me sirvió para ir con los ojos muy abiertos, muy despierta y atenta a cada detalle.

Hicimos una primera parada, antes de cumplir la mitad del camino, en un “fireplace”, que son lugares reservados para hacer fuego en medio de la naturaleza. Es una tradición finlandesa con la que todo el mundo aprovecha para tomarse unas salchichas a la brasa.

El camino continuó presentando diferentes formas y colores hasta llegar a la “meta”, una cascada natural entre dos pequeñas montañas. En ese punto, dos opciones de retorno al autobús: el camino largo, de unos seis kilómetros con unas escaleras horribles cuesta arriba; o el camino corto, de menos de tres kilómetros y mucho más sencillo. Adivinad cuál cogí. Sí, obviamente, el corto. A diferencia del resto de la clase, que decidió exprimir su capacidad física. Así que volví tranquilamente junto con cinco compañeras más y dos profesores hasta el autobús.

Al finalizar la marcha, la inquietud crecía, pues se acercaba el momento de conocer dónde íbamos a dormir y con quién. El coordinador de estudios internacionales se tomó la libertad de dividirnos por grupos en función del número de camas por habitación, aunque gracias a Dios, decidió dejarme con mi amiga Ana María y una chica australiana. Al llegar, las dudas se calmaron al darnos cuenta de que era un hotel que, de hecho, estaba bastante bien y que la habitación tenía hasta baño. Después de unos sándwiches hechos desde casa, de quitarnos las botas con las que llevábamos más de 12 horas y una caminata a cuestas y de una conversación en inglés sobre la enfermedad celíaca con nuestra compañera australiana, nos metimos en la cama hasta la mañana siguiente.

El día comenzó con un desayuno bien cargado y al estilo finlandés y enseguida nos pusimos en marcha, de nuevo. Esta vez nos tocaba dirigirnos a Suvanto Village, un pequeño pueblo con un valor histórico muy importante. Era el único pueblo que no había sido reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial, y conservaba las casas originales.

Desde Suvanto, a la mesa otra vez. Ya eran las 11,30 y tocaba comer. Fuimos a un centro de Formación Profesional (Vocational school, aquí) donde comimos un menú muy similar al que tenemos habitualmente en la universidad.

Y ya desde allí, nos trasladamos hasta nuestro último destino: Pirttikoski Hydro-electrical Power Station, una central hidroeléctrica. Con la cantidad de agua que hay aquí, este tipo de centrales son muy comunes y numerosas. Nada más llegar, nos tenían preparada una merienda (a las 14.00h) y una sala donde una de nuestras profesoras nos haría una presentación sobre la hidroelectricidad en general y esta central en particular. Y aunque toda la explicación fue bastante interesante, tengo que compartir con vosotros un detalle que nos hizo estallar en un ataque de risa a Ana María y a mí. Y es que, desde que llegamos a este pueblecito, estábamos preguntándonos cómo era posible que no hubiera pescado en los supermercados si estábamos en el Polo Norte. Pues bien, en esta central encontramos la respuesta. Y es que los peces se meten por los conductos que llevan hasta las turbinas. Por lo que hay mucha escasez de peces. Así que aquí, lo único que comen, es sushi.

Después de esta aclaración, nos llevaron hasta la central en sí y nos equiparon con cascos a todos. Nos estuvieron enseñando cómo eran las turbinas y los canales por los que pasaba el agua. También toda la maquinaria y la sala de control. 

Y, después de sentirnos ingenieros por unas horas, nos metimos en el autobús de vuelta a casa con la tarjeta de la cámara a punto de rozar su límite.

domingo, 16 de septiembre de 2012

The Freshmen experience

Quizás muchos no sepáis lo que significa “Freshmen”, yo tampoco lo sabía. Pero Google me sacó de dudas, y también sembró el miedo dentro de mí. “Novato”, eso es lo que significa. Y, asociado a ese término, las novatadas. Una parada más dentro de estos días de “Orientación” con los que hemos ido dando nuestros primeros pasos en la universidad. Y sí, después de una licenciatura y en mi tercer año de Grado de Magisterio, estaba dentro de la lista de novatos.
 
La imaginación empezó a correr y las piernas a temblar sólo de pensar en qué podía pasarnos. Las indicaciones eran: movie theme, take a toilet roll and some drinks and candies for tutors (temática de películas, llevar un rollo de papel higiénico y bebidas y dulces para los tutores).

Allí nos presentamos, sin disfraz pero con nuestro rollo de papel higiénico dentro del bolso, que aún sigo sin saber para qué servía. En el centro del pueblo, decenas de personas, agrupadas por facultades, esperaban ansiosos sus pruebas o retos. Aunque quizás ansiosa no era el mejor adjetivo para describir cómo me sentía yo…

Los tutores nos fueron guiando a todos hacia un parque y, después de gritar a todo pulmón el rincón del mundo del que procedíamos, nos mandaron colocarnos en un gran círculo desde el que haríamos el brindis de bienvenida. Quisieron hacernos creer que era un vaso de un licor finés, pero no, era un vaso de agua con una gotita de ese licor. Primera novatada.

Después de la primera ración de alcohol, nos separaron por grupos para llevar a cabo una serie de pruebas. La primera, una carrera de relevos llevando un pepino entre las piernas, sin poder utilizar las manos, tampoco para pasar el pepino a tu compañero… Al terminar la carrera, había que comerse el pepino. Sí, a todos nos resultó desagradable.

La segunda prueba consistía en elegir a un miembro del grupo que iría con los ojos vendados, mientras el resto del grupo le indicaba cómo encontrar una botella de vino escondida por una zona del parque. Una vez que encontrada, tenía que llevarla de vuelta al grupo y, entre todos, bebérnosla. Alcohol una vez más.

Las dos pruebas siguientes consistieron en hacer una pirámide humana con todos los miembros del grupo y en disfrazar a uno de nosotros con los pocos materiales que nos ofrecían. Un cúmulo de risas y de primeros contactos con estudiantes finlandeses.

La quinta prueba nos invitaba a más movimiento. Teníamos que conseguir una serie de objetos de una lista, entre los que se encontraban: un soldado, un condón, una estrella, una varita mágica, un animal, un instrumento musical, una anilla de una lata o algún objeto perteneciente a otra asociación. Nos pusimos en marcha y, tirando de originalidad, conseguimos todos los objetos. Pero antes de llegar al final del juego, nos quedaban dos pruebas más.

La penúltima, la más humillante. Típica prueba de campamento. Todos los miembros del grupo, colocados en círculo, tenían que pasarse una cuerda por debajo de la ropa interior en el menor tiempo posible. Prometo que vi cosas que jamás había visto antes, a pesar de estar entre “adultos” y de haber hecho esta prueba como monitora durante muchos años. Vi a gente desnuda, pero integral. Y a chicas en ropa interior sin pudor alguno. Vale, estábamos dentro de un edificio (perteneciente a la universidad y reservado sólo para fiestas), pero lleno de ventanales. Desde el exterior podíamos ver todo lo que estaba pasando dentro. Cierto es que la cantidad de alcohol acumulada en su cuerpo a estas alturas del juego ya era incalculable…

La siguiente prueba fue mucho más divertida. “Three things”, ese era su nombre. Colocados en círculo una vez más, había que lanzar a tu compañero de la izquierda una pregunta sobre tres cosas que le apetecía hacer en ese momento o lo que se te pudiera imaginar. A su vez, tu compañero tenía que responder las tres primeras cosas que se le vinieran a la cabeza y lanzar su pregunta a su compañero de la izquierda. Fue una mezcla entre finés e inglés, e incluso español, porque en momentos de nervios te sale tu lengua materna… Terminamos el juego bailando “La Macarena”, con eso lo digo todo…

Volvimos al centro del pueblo, donde esperaban el resto de grupos y todos los tutores, que ya se habían olvidado hasta de sus nombres y sus funciones por los tipos diferentes y cantidades insospechadas de alcohol que corrían por sus cuerpos.

Terminamos haciendo, por grupos, el juego de las películas y el recuento total de puntos que había acumulado cada grupo. Una vez proclamado el ganador y con el frío, asombro y cansancio almacenado dentro de mí, volví a casa.  

Esta ciudad y este país nunca dejarán de sorprenderme.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Comienza la universidad

Como si fuese el primer día de colegio, mi estómago estaba hecho un nudo y mis nervios a flor de piel antes de cruzar la puerta de la universidad. El frío que había pasado de camino, con la bici, ya se había quedado atrás. Al entrar, la imagen de “Madrileños por el mundo” vino enseguida a mi mente: allí estaban los percheros donde poder dejar el abrigo y las botas. Aún me cuesta imaginar cómo será todo esto cuando la nieve nos llegue a las rodillas y tengamos que descalzarnos para evitar la congelación de nuestros pies…

No tenemos muy claro hacia dónde tenemos que dirigirnos, pero unos simples post-its con forma de flecha, siempre tan útiles, nos van indicando el camino. Sí, aquí es. Hay un grupo de gente de nacionalidades muy diferentes, que aún no han empezado a mantener conversaciones. Sin duda, estamos en el sitio correcto. Aquí comienza la “Orientation week”.

Saludos del rector, palabras de bienvenida, presentación del profesorado y… ¡¡¡presentación individual de cada uno de nosotros!!! ¡Qué vergüenza! Al final, prueba superada, pero difícil evitar que tiemble la voz. Tour por la universidad, recogida de certificados y tiempo libre para comer. Sí, para comer a las 11 de la mañana. Quién nos iba a decir que cuando estábamos eligiendo el bocadillo, una de las ofertas más suculentas era… carne de reno. Igual que pasean por nuestro jardín, los filetean y los meten en bocadillos. Para que luego se quejen de lo que hacemos nosotros con el cerdo.

Ya con el estómago lleno, volvemos a la sala de  conferencias. Información práctica, avisos, asociación de alumnos y… el comité organizativo del ocio para los estudiantes Erasmus. Qué mejor manera de presentarse que poniendo fotos de estudiantes de fiesta, en biquini en la sauna o bebiendo en las tazas del desayuno (cosa muy común, por la falta de material de cocina…). La primera reacción: un ataque de risa. La segunda: un pensamiento: la idea de Erasmus=fiesta, ¿viene de casa o se fomenta desde la universidad de destino? Me resulta curioso que desde dentro de la propia universidad nos inviten a eso, mientras que, dentro de la misma sala, pero sólo unos minutos antes, nos habían estado animando a la responsabilidad y al esfuerzo.

Ya de camino a casa, mil sensaciones y pensamientos pasan por mi cabeza. Ganas de luchar, de esforzarme y de trabajar mucho. Ganas de aprender de cada persona. Ganas de disfrutar esta experiencia. Ganas de vivir MI ERASMUS.